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Historía (this place is OLD!)

Esta es una foto de los bisabuelos del maispalá:

Manuel Costas y Emilia. 

Fundaron la casa en  1904 .  

La calle no iba mucho mas arriba y detras solo habia campo y vacas! 

 

Adjuntamos un articulo que salio en la Voz de Galicia (octubre 2013) si quereis saber más.

 

This is a photo of the maispalá's great grandparents: Manuel Costas and Emilia.

They built the house in 1904.

Vigo was small then and further up the road you could find countryside and cows!

 

If you want to find out more about us, a newspaper article (10/2013) appears below & has been translated to English!

Maispalá cafe bar (desde 1985)

Articulo en la prensa 10/2013 - La Voz de Galicia (Vigo)

[Para mayor accesibilidad tenéis el texto transcrito al final de la página]

English translation of article

 

Feeling at home away from home

Manuel Serodio Costas runs the bar his brother founded on the ground floor of their childhood residence.

[Article written by B.R. Sotelino VIGO/LA VOZ]

 

Some bars manage to be the prolongation of your own home. Maispalá is one of these for several reasons. Firstly, because it’s the feeling it transmits as soon as you cross the threshold. Secondly, because the building in which it is located, with a first floor and attic, was also home to who now runs the place. It has been in his family’s hands for a while. “My great grandfather Manuel Costas built it in 1904” says Manuel. “A variety of renters and businesses set up over the years, including a brothel in the 1930’s” he recalls and adds that the Núñez Alleyway in the back entrance was well-known in the city for prostitution and points out that “many grandfathers lost their virginity here.” Later on, his parents, who ran El Rosal restaurant bar in the Casco Vello (old town) moved in. His mother, Carmen, opened a typical neighborhood restaurant on the ground floor in the 1970’s. The eldest son, Anibal, decided to open a café with 2 friends, Antonio and Jose, in 1985. “He got tired of it fast, so I stayed on with Jose who also ended up leaving as he became a family man. Family and nightlife are hard to combine.”

 

In 1994 he was on his own but got some help from friends: “David, Jose, Tavi, Javi or Miguel Galicias are some of the people who gave me a hand.” Manuel inherited a bar that has retained a special characteristic for the last 28 years: “All urban tribes coexist in harmony here: hippies, heavy, punks, posh…” He also remembers how the Maispalá (which was first called Maspallá, in Spanish, paradoxically) was frequented by Galician nationalists when his brother first opened it: “We were even threatened. Someone threw a smoke bomb in the entrance.”

 

In 2003 appeared Séraphine Drozek from California. After studying Literature in France she was looking for a spot in Spain where she could learn Spanish, teach English, translate and interpret. All of which she has done in various Education Centers. The North American randomly landed in Vigo and pursued her adventure. Luck brought her to the Maispalá and she admits it was love at first sight: “I fell in love with the bar before falling in love with Manuel”. She says he’s “one of the old breed of bartenders who knows a bit of everything and is a born showman”. “She came in and changed everything” says her partner who, aside taking care of the bar, has done quite a few other things as well: he started out at the coat check in the Kama club at 17, was a deep sea diver during his army service*, Spanish Amateur Full-Contact champion, worked as a firefighter in the shipyards and remains a sport nut (especially cycling).

 

The Maispalá, where they currently get a hand from Maria Viso, remains a comfortable space with a retro vibe and decoration that doesn’t go unnoticed. There are objects all over the place, most of which are gifts from clients. An example of this is the money wall displaying notes from around the world, many gathered from an international and university clientele dazzled by the bar. The attic floor and getting up there with the spiral staircase are also memorable experiences.

 

“Many people have a soft spot for us and vice versa, they end up being part of the family. People come by in cycles. Some have been regulars from the start and others, living abroad come back during the holidays. Christmas and weekends get pretty busy.” “But what’s most surprising is that not a week goes by without someone eagerly coming in (to show their kids for example) after 10, 15 or 20 years.”

 

His dad in the “sandwich”

Now his father, also called Manuel, lives in what they call the “sandwich”: the floor in between the ground entrance and attic floor. It has it’s own separate entrance next to the main one. But the clientele is so polite that he has only rarely had to come down in his pyjamas and complain. “Well, sometimes he comes down for a carton of milk”, says the son commenting on the curious location of the flat.

 

(*Translator note: obligatory then in Spain)

ENGLISH TRANSLATION of ARTICLE ABOVE (VOZ de GALICIA - VIGO- 10/2013)

 

 

Para mayor accesibilidad aquí tenéis el texto transcrito 
 
Vigo OCTUBRE 2013 [B.R.Sotelino Vigo La Voz]
NEGOCIOS CON HISTORIA CAFÉ MAISPALÁ
Salir de casa para entrar en casa
 
Manuel Serodio relevó a su hermano en el local que fue su vivienda cuando eran niñosB.R.SOTELINO (VIGO/LA VOZ) Hay bares que consiguen ser la prolongación de tu propia casa. El Maispalá lo es por varios motivos. Primero, porque es la sensación que transmite al que traspasa su puerta. Y Segundo, porque el edificio en el que se asienta, una casa de dos plantas y buhardilla, fue también el hogar del hostelero que ahora regenta el local. Y ya antes estaba en manos de su familia. “El edificio lo construyó mi bisabuelo Manuel Costas, en 1904”, cuenta. “Allí vivieron varios inquilinos y se instalaron varios negocios, entre ellos, un burdel en los años 30”, relata añadiendo que el callejón de Núñez al que se accede por la parte posterior, era famoso en la ciudad por su ambiente de prostitución. “Muchos abuelos perdieron aquí su virginidad”. Apunta. Posteriormente, los padres de Manuel, que tuvieron el bar Rosal en el Casco Vello, se trasladaron a este domicilio y su madre, Carmen, abrió en los años 70 el Vilariño, una popular casa de comidas en sintonía con un vecindario con mucha vida de barrio. Su hijo mayor, Aníbal, decidió en 1985, junto a dos amigos, Antonio y José, montar un café que dejo cuatro o cinco años más tarde. “Se canso pronto y me quedé yo con José, que al fundar una familia también se fue porque la hostelería es muy difícil de compaginar con la vida familiar”, argumenta.
 
En 1994 ya se quedó él solo con la colaboración de amigos, “David, José, Tavi, Javi o Miguel Galicias fueron algunos de los que me echaron una mano”, enumera. Manuel heredó un local que ya nació con una impronta que no ha perdido en los 28 años que lleva abierto. “Aquí siempre han convivido en sintonía todo tipo de tribus: hippies, heavies, punkies, pijos…” asegura, recordando, además, que en tiempos de su hermano, el Maispalá, que nació con nombre en castellano, Maspalla, era, paradójicamente, un local que frecuentaban simpatizantes galeguistas. “Hasta tuvimos un atentado. Alguien echó en la puerta un bote de humo”, cuenta.
 
En el 2003 apareció por allí Séraphine Drozek, una californiana que tras estudiar filología en Francia, buscó en el mapa algún punto de España al que viajar para aprender español y trabajar de profesora, intérprete y traductora, algo que ha hecho de forma intermitente en diferentes centros educativos. La norteamericana encontró Vigo por casualidad y se fue a la aventura. El azar la llevó al Maispalá y reconoce que fue un flechazo. “Me enamoré del local primero, antes que de Manuel”, asegura sobre este “tabernero de los de antes que sabe de todo y es muy entretenido”. “Llegó y lo cambió todo”, dice su pareja, que antes de ocuparse del local hizo muchas otras cosas: empezó de ropero en La Kama con 17 años, fue buceador en la mili, campeón de España amateur de full contact, trabajó de bombero en los astilleros y sigue siendo un loco de los deportes, especialmente de la bicicleta.
 
El Maispalá, en el que cuentan también con la ayuda de María Viso, sigue siendo un espacio confortable de aire retro cuya decoración no pasa desapercibida. Hay objetos por todas partes y muchos son regalos de los clientes. Por ejemplo, la pared llena de billetes de todo el mundo, fruto de la clientela internacional y universitaria que tienen encandilada. La buhardilla y su acceso a sus estancias través de la escalera de caracol también son una experiencia inolvidable.
 
"Mucha gente nos tiene cariño y viceversa, acaban siendo como una familia. La gente se va turnando, aparecen por ciclos. Algunos son asiduos desde que se abrió el bar y otros que viven fuera regresan en vacaciones. En Navidad y en los puentes estamos a tope”, explica. “Pero lo sorprendente es que no pasa ni una semana sin que entre alguien con mucha ilusión, con sus hijos, por ejemplo, y nos cuentan que hacía 10, 15 o 20 años que no venían”.
 
Su padre, en el “sándwich”Ahora su padre, que también se llama Manuel, vive en lo que se denomina “el sándwich”, el piso superior, que tiene entrada independiente, pero la clientela es tan educada que pocas veces ha tenido que salir en pijama a poner orden. “Bueno, a veces baja a pedirme un cartón de leche cuando se le acaba”, cuenta el hijo sobre el curioso emplazamiento que se incrusta en el bar por la mitad.
 
[fin de artículo escaneado]

 

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